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Marketing

Booking no es el enemigo: el problema es depender de Booking

Lo que cuesta de verdad una comisión del 20 %, por qué irse de los portales suele ser mala idea y las cuatro palancas que mueven reservas al canal directo.

4 min de lectura

Hagamos primero la cuenta, porque casi nadie la hace entera.

Un alojamiento pequeño con veinte habitaciones, 95 € de media por noche y un 68 % de ocupación factura alrededor de 470.000 € al año. Si dos de cada tres reservas entran por un portal que se lleva el 18 %, eso son unos 56.000 € al año en comisiones. No es una línea de gasto: es más de lo que cuesta una persona a jornada completa.

Con esa cifra encima de la mesa, la reacción típica es «pues me salgo de Booking». Y suele ser un error caro.

Por qué irse casi nunca es la respuesta

Los portales no son solo un canal de venta, son un escaparate. Mucha gente descubre tu hotel ahí, y una parte de esa gente luego te busca por tu nombre en Google para reservar directamente. Se le llama efecto escaparate, y es real: cuando un alojamiento desaparece de los portales, no solo pierde las reservas de los portales. Pierde también parte de las directas, porque dejó de aparecer donde la gente mira primero.

Salirse es cortar por lo sano una herida que se cura mejor con costura.

El objetivo no es cero comisión: es la mezcla

Nadie con la cabeza en su sitio busca el 100 % directo. Lo que se busca es mover la proporción, y aquí el dinero aparece rápido.

En el ejemplo de arriba, pasar del 65 % de reservas por portal al 45 % —veinte puntos— son unos 17.000 € al año que dejan de irse en comisión. Con una inversión publicitaria de unos cientos de euros al mes, la cuenta sale casi siempre, y sale mejor cada año, porque el canal directo se acumula: los clientes que captas hoy son a los que puedes escribir gratis el año que viene.

Y hay un segundo efecto que no está en la hoja de cálculo: la reserva directa te deja el dato. Nombre, correo, qué habitación eligió, cuándo vino. El portal no te da eso, y sin eso no hay fidelización posible.

Las cuatro palancas, en orden

1. Que se pueda reservar en tres toques

Antes de gastar un euro en publicidad, entra en tu propia web desde el móvil e intenta reservar. Cronométralo. Si el motor abre en otra pestaña, pide crear una cuenta, o tarda cinco segundos en cargar el calendario, todo lo que gastes en traer gente se va a caer justo ahí.

Es la parte más aburrida y la que más reservas mueve. Casi siempre es donde está el problema, y casi nunca es donde se mira primero.

2. Paridad, y algo que solo exista en directo

Si tu web cuesta lo mismo que el portal, el cliente elige el portal: le da más confianza y ya tiene los datos metidos. Necesitas una razón para reservar en tu casa, y no tiene por qué ser el precio: salida tardía, una botella, aparcamiento, cancelación más flexible. Algo concreto, que se pueda leer en una línea.

Ojo con las cláusulas de paridad de tu contrato: lo que casi siempre puedes hacer es dar valor añadido, aunque no puedas bajar la tarifa.

3. Estar cuando ya te buscan por tu nombre

Es el escalón con mejor retorno de todos y el que más gente ignora. Cuando alguien escribe el nombre de tu hotel en Google, arriba suele haber un anuncio de un portal —pagando por tu marca— y tu web debajo. Esa reserva ya era tuya y se paga comisión por ella igualmente.

Defender tu propio nombre en Google cuesta poco, porque nadie compite por él mejor que tú, y recupera reservas que estaban decididas.

4. El que ya vino

Un huésped que repite no cuesta captación. Si tienes su correo —y lo tienes si reservó en directo— puedes escribirle antes de su temporada, con una oferta que no está en ningún portal. Es el tráfico más barato del mundo y el que más margen deja.

Qué mirar cada mes, y solo esto

Tres cifras, en una página:

  1. Porcentaje de reservas directas sobre el total. Es el número que tiene que subir, y sube despacio: piensa en trimestres, no en semanas.
  2. Coste por reserva directa, incluyendo lo que pagas de publicidad y de gestión. Compáralo con la comisión media que pagas por una del portal. Mientras el primero sea menor, cada reserva movida es dinero ganado.
  3. Ingresos por el canal directo, en euros. Porque un porcentaje que sube mientras la facturación baja no es una buena noticia.

Si tu informe mensual tiene quince gráficos y no tiene estos tres, tu informe mensual no sirve.

Cuánto se tarda

No es inmediato. Construir audiencia propia lleva meses, y el primer mes casi siempre parece caro porque estás pagando por gente que todavía no te conoce. A partir del segundo o tercero la cosa cambia, porque ya no empiezas de cero cada vez.

Tenemos un caso con las cifras completas, mes a mes: cómo Serawa Hotels construyó su canal directo. Y si tu negocio es de hostelería pero no de alojamiento, el planteamiento es el mismo con otro vocabulario: está en nuestra página de hostelería.

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